width=300Hoy celebramos la onomástica de Santo Tomás, Apóstol, que cuando los otros discípulos le anunciaron que Jesús había resucitado, no lo creyó, pero cuando Jesús le mostró su costado traspasado por la lanza, exclamó: «Señor mío y Dios mío». Según cuenta la tradición, evangelizó los pueblos de la India, transmitiéndoles la fe que él había recibido (s. I).

Los doce apóstoles son las doce partes de nuestro propio Ser. Así, Tomás es esa parte del Ser que se relaciona con el sentido de la comprensión íntima. Tomás es, pues, cognición, comprensión e infinita paciencia. Los hermanos de Tomás son los once y aún más, todas las partes autónomas y auto-conscientes del Ser. Incuestionablemente todas las partes del Ser están obligadas a trabajar en la Auto-Realización Intima del Ser.

El trabajo de Tomás es muy paciente, pues él está obligado a proveer eso que se llama comprensión. Cada parte del Ser da su solución al arrepentimiento del Alma, más, solo Tomás da la última palabra. Lo que Tomás sabe, lo ha recibido del Cristo Intimo.

Tomás, el Tomás particular de cada uno de nosotros, solo acepta al instructor del mundo, al Cristo Intimo dentro de cada uno de nosotros. El Tomás que existe dentro de cada uno de nosotros, deposita su mente en manos del Cristo Intimo. El Evangelio de Tomás es maravilloso.

EVANGELIO SEGÚN TOMÁS (Texto copto de Nag Hammadi)