CONCENTRACIÓN EN LA LLAMA DE UNA VELA

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La finalidad de esta práctica, muy común entre las diferentes culturas, es muy diversa, pues abarca penetrar en la consecución de la capacidad de concentración y hasta la experiencia mística del contacto con los elementales del fuego: las Salamandras, elementales ígneos de los que tanto habla la escritura esotérica y ocultista.

PRÁCTICA:

Primero debemos sentarnos, preferiblemente, en el suelo, en posición oriental. Después debemos relajar nuestros músculos y nervios, así como nuestra mente.

Una vez conseguida una relajación básica para la práctica, nuestra vista debe fijarse en la llama de la vela, que naturalmente debemos haber encendido previamente, también nuestros sentidos deben concentrarse en ese fin.

Debemos hacernos conscientes de como danza aquella flama, y el ruido que provoca con sus movimientos, el calor que libera, el olor que despide, etc.

En nuestra mente debe existir sólo la llama de la vela, todo pensamiento que aparezca en la pantalla de la mente, simbólicamente, será quemado por dicha llama, desapareciendo de inmediato hasta llegar a la quietud mental.

Finalmente debemos llegar a sentirnos parte de aquella llama, y escudriñar hasta lograr ver aquello que anima y da vida al fuego, estas son las Salamandras.

Con esta práctica se logra la perfecta concentración del pensamiento.

 

CONCENTRACIÓN EN LOS LATIDOS DEL CORAZÓN

width=300La finalidad de la presente práctica es conseguir el dominio de las funciones del cuerpo físico, comenzando por las pulsaciones del corazón. Naturalmente se requiere un alto poder de concentración en el punto exacto que se indica en la práctica.

PRÁCTICA:

En primer lugar, es necesario tratar de relajar totalmente los músculos del cuerpo; comenzando desde los pies hasta la cabeza y terminando por relajar los brazos y las manos. Después, debemos concentrar la atención en la punta de la nariz, hasta sentir plenamente el pulso del corazón en ese órgano del olfato; luego proseguiremos concentrando nuestra atención en el lóbulo de la oreja derecha hasta sentir el pulso del corazón en ese lugar; después continuaremos con la mano derecha, sintiendo los latidos en los dedos; más adelante nos concentramos en los dedos del pie derecho; seguimos con los dedos del pie izquierdo; pasaremos a los dedos de la mano izquierda; continuamos con el lóbulo de la oreja izquierda hasta sentir el pulso del corazón en ese lugar; y por último volvemos a sentir los latidos en la punta de la nariz nuevamente.

Con este ejercicio sentiremos plenamente el pulso del corazón, por separado, en cada uno de estos órganos donde hemos fijado la atención. Los grandes yoguis, llegan a conseguir frenar y acelerar los latidos del corazón a voluntad.