width=213Después de la resurrección, Jesús se les apareció a los discípulos de Emmaús y cenó con ellos (Lucas 24: 30, 31). Jesús se les apareció también a sus once apóstoles que se hallaban reunidos y les demostró con hechos la tremenda realidad de su resurrección (Juan 20: 19, 20). Las sagradas escrituras dan testimonio de las distintas apariciones del Divino Maestro después de su resurrección.

El cuerpo del Maestro quedó sumergido dentro de los mundos suprasensibles. El cuerpo del Divino Rabí de Galilea entró en estado de “jinas”. Jesús murió pero no murió. Actualmente vive el Maestro en el Shambala del Tíbet Oriental. Allí vive con el mismo cuerpo con que resucitó. Junto con él moran en el Shambala otros santos maestros que lograron la resurrección inefable.

El Divino Rabí de Galilea es el primogénito de los muertos. Porque además de haber resucitado de entre los muertos, es el Jefe de las Almas.

Después de la resurrección, el cuerpo físico queda en estado de “jinas”, es decir, sumergido dentro de los mundos suprasensibles. Sin embargo, puede entrar en el mundo físico cada vez que el Maestro así lo quiera.

En estas condiciones tan exaltadas, los Maestros de Perfección sólo viven para guiar la corriente de vida de los innumerables siglos.

Condenados por si mismos a vivir durante millones de años guiando la corriente de los siglos, esos santos inefables son los silenciosos vigilantes de la Muralla Guardiana. Ese muro protector ha sido levantado con la sangre de esos Santos del Bendito. Ese muro protege a la humanidad desde la aurora de la creación.

El sendero secreto está lleno de tormentos infinitos. La senda secreta nos lleva directamente al Absoluto, donde resplandece la Luz Increada.

Jesucristo, el primogénito de los muertos, vive actualmente en el Shambala. Ese país secreto se halla en estado de “jinas”. Ahí tiene el Bendito Adorable su Sagrado Templo.

Resplandece el firmamento oriental con todo el amor del Maestro. Las tímidas florecillas del sendero, que el Santo de los Santos huella sin dañarlas, se estremecen deliciosamente con la perfumada brisa.

El fuego flamígero, las aguas puras de vida, la tierra de suave perfume, el aire impetuoso del Shambala tibetano, están embriagados con la gloria de aquel Adorable que es, y que era y que ha de venir.

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“Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la Corona de la Vida” (Ap. 2: 10).

Al que sabe, la palabra da poder; nadie la pronunció, nadie la pronunciará, sino aquel que lo tiene encarnado.

Cuando recibimos la Corona de la Vida, el Verbo se hace carne en cada uno de nosotros.

Todo santo que alcanza la iniciación venusta recibe la Corona de la Vida.

Nuestro amantísimo Salvador Jesucristo, alcanzó la iniciación venusta en el Jordán.

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Juan 1: 14).

“La Luz vino a las tinieblas; pero las tinieblas no la conocieron” (Juan 3: 19).

Él es el Salvador, porque nos trajo la Corona de la Vida y dio su sangre por nosotros.

Necesitamos llegar a la suprema aniquilación del yo, para recibir la Corona de la Vida.

Necesitarnos resucitar al Cordero dentro de nosotros mismos. Necesitamos las pascuas de resurrección.

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“Y después de tres días y medio, el espíritu de vida enviado de Dios, entró en ellos, y se alzaron sobre sus pies, y vino gran temor sobre los que lo vieron” (Ap. 11: 1 1).

Los tres días simbolizan al triuno espíritu del hombre. La Santa Trinidad Perfecta. Al tercer día tiene la resurrección de los muertos. Ya hemos sufrido mucho tres días, ahora resucitarán los dos testigos.

“Y oyeron una grande voz del cielo, que les decía: Subid acá. Y subieron al cielo en una nube, y sus enemigos los vieron” (Ap. 11: 12).

Con el arcano A. Z. F., ahora suben los dos testigos. Estamos en los tiempos del fin. Esta es la época del cumplimiento de la profecía.

Los dos testigos, son los dos maravillosos canales simpáticos de la energía creadora. Los tiempos del fin ya llegaron.

La divulgación del Gran Arcano, la resurrección de los dos testigos, y el gran cataclismo final, marcan con exactitud el fin de la raza aria.

Los seres humanos que no acepten la castidad científica, se hundirán en el abismo. Habrá un cataclismo pavoroso. Empero, ningún ser humano puede conocer la fecha, ni el día, ni la hora. Vendrá un choque planetario, una colisión de mundos, y sólo serán salvados aquellos que hayan hecho resucitar sus dos testigos.

“Y en aquella hora fue hecho gran temblor de tierra, y la décima parte de la ciudad cayó, y fueron muertos en el temblor de tierra en número de siete mil hombres; y los demás fueron espantados, y dieron gloria al Dios del cielo” (Ap. 11: 13).

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Desde los antiguos tiempos, todos aquellos que aceptaron el arcano A.Z.F., se transformaron en reyes y sacerdotes de la naturaleza. Ellos gobernarán ahora bajo las órdenes del Cristo, en la Nueva Era.

Esta es la primera resurrección; y se reencarnarán los reyes, los reyes divinos, para gobernar.

“Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad en estos; antes serán sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con él mil años (una edad)” (Ap. 20: 6).

La muerte segunda es espantosa y terrible en gran manera. En el abismo los tenebrosos se van desintegrando lentamente hasta morir. Eso es la muerte segunda.

Aquellos que acepten el arcano A.Z.F., se salvarán del abismo y la muerte segunda. Esos se convertirán en dioses y podrán cantar ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!

Extraído de EL MENSAJE DE ACUARIO del V.M. Samael Aun Weor.