width=300El problema del mundo es el problema del individuo. Las revoluciones de sangre y aguardiente no resuelven nada. Sólo mediante la inteligencia podemos salvar a nuestra Sagrada Tierra.

Necesitamos con suma urgencia establecer con firmeza en nuestra mente, los valores positivos del espíritu.

Cuando los valores groseros del mundo ocupan nuestra mente, el resultado es el hambre, miseria, guerra, ignorancia, enfermedades, etc.

Sólo a base de comprensión profunda podemos resolver en forma positiva y verdadera, todos los problemas económicos y sociales que nos afligen y torturan.

La opresión y la explotación, la agresividad y la crueldad económica de estos tiempos, se deben al olvido de los valores eternos del espíritu.

No se deshacen las tinieblas a la fuerza, sino trayendo luz. Tampoco se deshace el error combatiéndolo con violencia, sino enseñando la verdad.

Las doctrinas políticas establecidas por medio de la violencia no consiguen jamás acabar con el personalismo, la codicia, la ambición, el egoísmo y la competencia.

Cuando el ser humano está acorralado por la ley, busca sustitutos para su propia satisfacción personal.

Los sustitutos se convierten en vehículos de nuestros propios errores, odios, egoísmos, celos, ambiciones, etc. Así las dictaduras quedan burladas.

Todos los vicios y maldades se multiplican en secreto y se recrudece la crueldad por falta de valores eternos.

Es urgente comprender la necesidad de crear una auténtica y legítima sociedad sobre las bases firmes de los valores del Ser.

Se necesitan trabajadores sociales de buena voluntad. Estos trabajadores pueden hacer gigantesca labor.

No debemos aguardar que los gobiernos lo hagan todo. La nueva era debemos hacerla todos nosotros. Todos debemos cooperar. Todos debemos poner nuestro granito de arena en esta gran obra.

Es urgente comprender la necesidad de acabar con el egoísmo y cultivar el Cristo-Centrismo. Se hace necesario comprender que estamos en el borde de una gran desgracia social.

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Recordemos todos los horrores realizados en el hermoso país del Tibet. Millares de monjes budistas fueron asesinados y masacrados horriblemente. Los invasores se burlaron de las santas ceremonias religiosas y se cometieron espantosos asesinatos; todo en nombre de un materialismo dialéctico absurdo, todo en nombre de las teorías que jamás se podrán demostrar y que nunca podrán resistir un análisis de fondo. Los invasores se llevaron del Tibet miles de niños con el propósito de meterlos en su país, y educarlos según sus costumbres.

Los profetas y maestros de todos los tiempos enseñaron los principios que nosotros necesitamos realizar socialmente.

El camino de la violencia no es el más indicado para transformar el mundo, y ese, precisamente ese, es el que han escogido la gran mayoría de los seres humanos.

“El fin justifica los medios” dicen muchos. Nosotros los gnósticos decimos: es imposible llegar a un fin magnífico, si utilizamos procedimientos bárbaros.

La barbarie no puede jamás traer paz, abundancia y perfección. La barbarie solo puede traer muerte y desolación.

Desgraciadamente el yo es cruel y bárbaro, el yo quiere mandar, triunfar, imponerse a la fuerza, cueste lo que cueste. Al yo no le importan las víctimas, solo le interesa el éxito, el triunfo de sus teorías, lo suyo, aun cuando para ello tenga que asesinar, y llenar el mundo de lágrimas.

Desgraciadamente todo individuo lleva la crueldad dentro de si mismo, la masa es una suma de individuos, el gobierno es el resultado de la masa.

Si el individuo es cruel, así será la masa, el pueblo, y como consecuencia lógica, así será el gobierno.

Los grandes dictadores se sostienen sobre millones de víctimas. Todo aquel que ambiciona el poder, no tiene inconveniente alguno en asesinar a quien quiera eclipsarlo. Algunos jefes de estado se han sostenido sobre millones de muertos.

La fiebre por el poder no respeta a nadie, ni a nada. Quien ambiciona el poder está de hecho dispuesto a convertir la tierra entera en un cementerio si así fuera necesario.

Si nosotros queremos acabar con la crueldad que llevamos dentro, debemos estudiarla, observarla en acción dentro de nosotros mismos, no basta analizar la palabra crueldad, necesitamos observarla en nosotros mismos, descubrir su modus operandi, sin justificarla, no condenarla, observarla simplemente como quien está observando una flor venenosa. Cuando uno se pone a razonar sobre lo que es ella, ya no estamos observándola, y nosotros necesitamos observarla para conocerla profundamente.

Sólo conociendo a fondo la crueldad y en todos los niveles de la mente, podemos entonces desintegrarla, reducirla a polvo. Ella se desintegra por sí misma y en su lugar nace naturalmente y en forma espontánea eso que se llama caridad.

El mismo procedimiento debemos utilizar para la ambición de poder, las ansias de mando, codicia, etc.

Así y sólo así es como el yo va muriendo de instante en instante. Solo con la muerte del yo nace en nosotros el Ser, la felicidad, la paz.

Debemos recordar que la mente tiene muchos terrenos, estratos y regiones subconscientes. Necesitamos explorar por medio de la meditación, todos esos terrenos de la mente, con el propósito de descubrir los más íntimos resortes de la crueldad, codicia, ambición, etc.

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Muchas veces desaparece un defecto de la zona intelectual en que vivimos, pero continúa existiendo en los otros terrenos de la mente. Solo acabando con nuestros defectos en todos los niveles de la mente, logramos disolver el yo, ese yo cruel que quiere mandar, y ser el amo y el señor de todo el mundo.

Hemos podido comprobar hasta la saciedad, que todo fracasado no piensa en otra cosa, sino en matar.

Son millones los fracasados y todos ellos creen que matando se puede mejorar la vida, reformarla como dicen, hacer un mundo mejor.

Todo individuo falto de inteligencia no piensa sino en matar, cree que matando, todo cambia, se transforma.

Todas las páginas negras de la historia, están escritas con guerras. ¿Y qué? ¿Acaso el mundo se ha transformado con tantas guerras? No hace mucho que pasó la Segunda Guerra Mundial ¿Y qué? ¿Acaso por tantos millones de muertos se mejoró el mundo?

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El bruto solo piensa en matar, cree que matando se arregla todo, se transforma todo.

El yo goza matando, se siente feliz matando. No quieren darse cuenta los grandes asesinos de la humanidad, que la violencia solo sirve para traer más violencia, y que el odio crea más odio, y que es absurdo intentar crear un mundo mejor sobre la base de la violencia.

Toda lucha política basada en la violencia viene a frustrar los ideales por los cuales se ha luchado y tarde o temprano venimos a convertirnos en esclavos de aquello contra lo cual luchamos.

Todo anhelo revolucionario basado en la violencia está condenado al fracaso.

Hoy en día, el mundo necesita más que nunca las enseñanzas de Budha, Jesús, etc.

Por todas partes vemos cómo se avecina la destrucción de la raza humana. El temor a la bomba atómica produce inquietud en todas las partes. Hay discordia entre los líderes de las naciones. La maldad, el odio y el prejuicio se han incrementado en todos los lugares.

El único modo por el que el mundo puede salvarse yace en el retorno a los grandes principios del Ahimsa o la no-violencia, en la amistad, la compasión, la benevolencia, etc., predicados por los Grandes Maestros.

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Budha es el apóstol del amor y de la no-violencia, salvador del mundo. Budha es la viva personificación de la compasión.

Si comprendemos que toda la humanidad somos, realmente, una gran familia, la familia del planeta, hijos de una misma madre, no es posible que permanezcamos indiferentes ante el sufrimiento de los otros, que en definitiva son una parte de nosotros mismos.

Los seres humanos no sólo somos responsables de los otros seres humanos, sino también del bienestar de los otros seres del planeta.

La falta de compasión nos conduce irremediablemente a la crueldad.

Las personas crueles son infelices, sufren una angustiosa sensación de inseguridad y temor incluso mientras duermen. Les falta algo, que sí existe en una persona comprensiva, que es la sensación de libertad, de abandono, que le permite relajarse mientras duerme.

La gente cruel está siempre agobiada por algo, no se siente libre. Un ejemplo perfecto de las consecuencias de vivir sin compasión fue Stalin.

Es conocido que los rasgos principales que caracterizaron su personalidad fueron la crueldad y el recelo.

Él consideraba la crueldad una virtud y se puso el apodo de Stalin, que significa “hombre de acero”. Con los años se tornó cada vez más cruel, su actitud recelosa llegó a ser legendaria. Ordenó misivas y campañas contra diversos grupos con el resultado de millones de personas recluidas en campos de concentración.

A pesar de todo seguía viendo enemigos (recelo) por todas partes y poco antes de su muerte le dijo a Nikita Jruschev: no confío en nadie, ni siquiera en mí mismo.

Al final de su vida se revolvió incluso contra su personal más fiel.

Mientras más cruel y poderoso era, más desdichado se sentía. Un amigo dijo que al final el único rasgo humano que le quedaba era la infelicidad. Y su hija Suetlana describió cómo se veía agobiado por la soledad y el vacío interior, hasta el punto de que ya no creía que los demás fueran capaces de ser sinceros o tener un corazón afectuoso.

Existen personas que desde su infancia han sufrido mucho y les ha faltado el afecto de los demás y esto hace que hayan perdido la capacidad para la compasión y el afecto; son personas cuyo corazón se ha endurecido y se han vuelto brutales.

Todas las religiones del mundo tienen el mismo mensaje en lo que al amor y a la compasión se refieren, aunque lo expresen de modos distintos. Sin embargo es erróneo pensar que estos conceptos sean temas puramente religiosos.

Moralmente tanto las personas que tienen religión, como las que no, tenemos la responsabilidad de cuidar no sólo a los otros seres humanos, sino también a los animales, a todos los seres vivos, e incluso el medio entorno; de ahí que nuestra vida debe ser noble y digna.

Todas las personas que estamos en este conocimiento, no sólo hemos de practicar el dharma con sinceridad, sino que hay que practicarlo a diario, realizando un constante esfuerzo, no contentándonos con el aspecto simplemente intelectual.

La mayoría de las personas se contentan con ponerse la etiqueta de una religión; soy cristiano, budista, gnóstico.

Estas personas no se preocupan de su práctica diaria, de su conducta o de sus pensamientos.

El que sigue una religión primero ha de reflexionar sobre sí mismo, observar si la está siguiendo sinceramente y si la practica de verdad.

Si usamos nuestra inteligencia y habilidades internas de forma destructiva, el resultado será desastroso y trágico. Hemos de usarlas de manera constructiva.

La compasión es una cualidad humana básica y necesaria, que nos confiere fuerza interior, y un sentimiento de valía interna.

Todo ser humano, posee el potencial para desarrollar las cualidades humanas básicas. Por eso no hay que prestar sólo atención a cultivar el conocimiento, sino a cultivar también las cualidades del corazón, de tal forma que al final de la educación no sólo se tendrá conocimiento sino que se habrá conseguido convertirse en una persona de buen corazón y compasiva.

Uno de los problemas de nuestra sociedad es que considera la educación sólo como medio para ser más astutos e ingeniosos.

Hay que saber que el uso más importante del conocimiento y de la educación consiste en comprender la importancia de tener más acciones sanas y aportar disciplina a nuestras mentes.

La utilización adecuada de nuestra inteligencia y conocimientos estriba en efectuar cambios desde dentro para desarrollar un buen corazón.

Es muy difícil sobrevivir sin poseer un sentimiento compasivo; sin embargo sin violencia no sólo es más fácil la supervivencia, sino que la vida es mucho más feliz.

El Ahimsa o la no-violencia tiene dos directrices: uno consiste en que si se puede, se debe ayudar y servir a los otros seres; el otro sentido consiste en que si no podemos ayudar, al menos no perjudicar y no causar daño alguno.

LA COMPASIÓN:

En los diccionarios se define la palabra compasión como un sentimiento de ternura y de lástima por los males ajenos.

Sin embargo dentro del esoterismo la palabra compasión no es solamente una sensación o sentimiento de lástima o un interés por la persona que sufre; ni es solamente un afecto sincero ante la persona u objeto en desgracia, ni tampoco es sólo un verdadero reconocimiento de sus necesidades y de su dolor: la compasión va más allá de todo esto, e implica una firme decisión de poner en práctica todo lo que sea posible y necesario para contribuir a aliviar el sufrimiento.

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Para que sea auténtica debe ser activa.

Dentro de la tradición budista se considera la compasión como la fuente y la esencia de la iluminación.

Existen dos tipos de compasión:

  1. Basada en el apego: generalmente creemos que la compasión es un sentimiento de proximidad hacia nuestros amigos. De hecho mientras una persona sea buena amiga nuestra mantenemos una actitud positiva hacia ella.

En cuanto cambia la actitud de esa persona hacia nosotros, o varían nuestros sentimientos hacia ella, la compasión también deja de existir, esto no es verdadera compasión, sino apego. Es una compasión bastante parcial y este tipo de relación es inestable.

En el caso del matrimonio si sólo existe apego emocional entre los cónyuges sin ningún tipo de compasión, el matrimonio es más inestable y con tendencia a fracasar. Sin embargo si interviniera la verdadera compasión entre los esposos, basada en el respeto mutuo como seres humanos, el matrimonio tendería a durar mucho tiempo.

  1. Compasión libre de apego: La compasión genuina es independiente de si esa persona es allegada o no a nosotros.

La compasión genuina se genera cuando nos damos cuenta de que las personas que sufren o a las que les falta felicidad y prosperidad quieren ser felices igual que nosotros.

Existe un reconocimiento de que todos los seres humanos al igual que uno desean superar el sufrimiento, y que tienen como nosotros el derecho natural de satisfacer esa aspiración fundamental de la felicidad.

En cierta forma se podría decir que la compasión es el sentimiento de no poder soportar el sufrimiento de otros seres. Para generar ese sentimiento antes hemos tenido que captar la gravedad o intensidad del sufrimiento del otro. Por eso cuanto más plenamente comprendamos el sufrimiento, más profunda será nuestra capacidad de compasión.

Si por ejemplo vemos un perro abandonado sufriendo intensamente y no podemos soportar su dolor, no se debe a ninguna conexión especial. Aquí la compasión surge simplemente del reconocimiento de que ese otro ser también tiene sentimientos, también experimenta dolor y tiene derecho a no sufrir.

Existe también un nivel más profundo de la compasión en el que se observa a todos los seres como impermanentes, sin existencia verdadera tal cual viven.

Y otro paso más profundo de la compasión, es en el que se percibe a todos los seres vacíos de la verdadera vida.

La verdadera compasión es una combinación de solidaridad e interés, un interés de cercanía o proximidad a la persona que sufre, y un sentido de compromiso y de responsabilidad.

Tomando esto como fundamento, se puede sentir compasión por el otro, al margen de considerarlo amigo o enemigo, tal compasión se basa en los derechos fundamentales del otro y no en nuestra proyección mental.

BENEFICIOS DE LA COMPASIÓN:

La ira, el odio, el rencor, etc., son dañinos y perjudiciales para la salud y para nuestra vida. La compasión no sólo es buena para obtener paz mental, sino también para la salud.

Está comprobado que la compasión y el cuidar a los demás, contribuyen a mantener una buena salud física y emocional.

También ayuda a obtener una sensación de felicidad y serenidad.

El conocimiento no es algo que llega a uno de un modo natural, sino que es necesario estudiar, practicar.

Es muy posible que no tengamos una inclinación natural a realizar actos sanos, esto es así particularmente en esta sociedad moderna, porque tenemos una tendencia a aceptar que todo lo referido a actos sanos e insanos que debemos realizar, pertenecen al ámbito de la religión.

Tradicionalmente se ha considerado responsabilidad de la religión el prescribir que comportamientos son sanos y cuáles no.

En la sociedad actual, la religión ha perdido mucho de su prestigio e influencia, y al tiempo no ha surgido algo que pueda sustituirla, tal como sería una ética laica.

La naturaleza humana fundamentalmente es apacible y compasiva, sin embargo esto no es suficiente, hasta que no se desarrolle una aguda conciencia de esa naturaleza verdadera que llevamos dentro.

Se necesita capacidad para juzgar las consecuencias de nuestro comportamiento a largo y corto plazo.

Igual que podemos ser capaces de comprender que la cólera es destructiva, hay que ser capaces de hacer esa inferencia.

Tanto si se tiene religión como si no, el entrenamiento mental puede modelar nuestra actitud. Gracias a ello se puede vivir más tranquilo y tener más paz, y ser capaces de enfrentarse mejor a los asuntos más difíciles.

Si una persona tiene un corazón bueno y compasivo, automáticamente éste le aporta fortaleza y no da tanta cabida para el miedo y la duda.

Es necesario por tanto llegar a la convicción de la dulzura y de la bondad de todos los seres humanos, y a la convicción del valor de la compasión y del sentido de comunidad entre todas las criaturas vivas.

La compasión nos permite comunicarnos mejor con los demás, ganar más amigos y más sonrisas.

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Existen personas, tal como Mahatma Ghandi, radiantes de vida, donde se dibuja una sonrisa constante en su rostro, como resultado de la compasión y la auto-confianza; por el contrario han existido personas como Hitler, Mao Zedong, etc., que aunque tuvieron un tremendo poder, estaban llenas de desconfianza y una vez incubado este veneno no es posible ser feliz.

La práctica de la compasión además hace que en vez de querernos y mimarnos tanto a nosotros mismos, nos fijemos en los demás, contribuyendo a disminuir el apego que le tenemos a nuestro querido ego.

El apego hacia uno mismo es lo que hace que nazca en nosotros una aversión tremenda hacia el sufrimiento.

El daño y sufrimiento carecen de existencia objetiva; lo que les da existencia y poder es sólo la aversión que se siente hacia ellos.

Esa misma aversión es lo que atrae hacia nosotros todas las negatividades y obstáculos, llenándonos la vida de nerviosa inquietud, impaciencia y miedo.

El ser humano siempre ha considerado que la mejor protección en la vida era cuidarse uno mismo por encima de todo, y esto se debe a que confundimos lo que es el interés de nuestro propio ego, y lo que en verdad favorecería y beneficiaría nuestro verdadero y auténtico interés.

En cuanto al plano espiritual se refiere, la práctica de la compasión crea una atmósfera en el exterior que hace que las personas que entran en contacto con quien lo practica puedan sentirse inspiradas e incluso comiencen a emprender esta misma práctica espiritual de la compasión.

En el caso de personas enfermas o moribundas, si nos acercamos a ellas con compasión, no sólo se pueden curar espiritualmente, sino hasta físicamente, por eso todos los maestros saben que el poder de la compasión no tiene límites.

DESARROLLAR Y ACRECENTAR LA COMPASIÓN:

Existen varios métodos para desarrollar y acrecentar la compasión:

  1. Reflexionar sobre el sufrimiento:
    • Reflexionar sobre el sufrimiento tiene un valor práctico, porque nos ayuda a reducir la arrogancia.
    • También ayuda a crear empatía, lo cual nos permite acercarnos a los sentimientos de los demás.
    • Aumenta nuestra capacidad para la compasión.
    • Nos ayuda a conectar con los otros.
  1. Tener una comprensión clara del valor de la compasión.
  2. Reflexionar sobre los beneficios prácticos de la compasión.
  3. Aumentar la empatía, mediante la imaginación y creatividad, poniéndose en lugar del otro.

Se puede imaginar una situación en que alguien está sufriendo, por ejemplo un animal cuando va a ser sacrificado. Ciertamente esta técnica para algunas personas no sirve, pues es como pedirle a un cazador que se imagine el sufrimiento de su presa; sin embargo sí se pueden despertar en ese cazador sentimientos de compasión, si lo que se imagina es a su perro de caza preferido atrapado en una trampa.

A veces puede que no experimentemos fuerte empatía con los animales, pero sí podemos sentirla por un miembro de la familia o por un amigo.

Para obtener una compasión profunda, cuanto mayores sean nuestros sentimientos de proximidad, simpatía y afecto a los seres perturbados por el sufrimiento, mayor será el grado de compasión que desarrollemos hacia ellos.

Al principio, es más fácil tener compasión por alguien que se encuentra en una situación mísera, pero después es necesario reflexionar sobre las personas que, a pesar de que en la actualidad, no estén experimentando sufrimientos de un modo manifiesto, se encuentran involucradas en acciones que provocarán un obvio sufrimiento en el futuro, o que han acumulado circunstancias kármicas en el pasado. Aunque los efectos no estén siendo experimentados en el presente, estas personas prósperas poseen las causas para el futuro que le ocasionarán sufrimiento.

Así pues, al principio se comienza reflexionando acerca de los seres que están experimentando el sufrimiento físico y moral. Y de estos análisis surge la compasión.

Después, hay que ampliar la reflexión a todos los seres sujetos a los vaivenes de la vida y desearles que todos se liberen del sufrimiento. Lo importante es realizar un esfuerzo sincero para que la capacidad de la compasión se desarrolle.

En la tradición del budismo Mahayana, también se habla de dos métodos para incrementar la compasión, y se los conoce como:

  1. Método de los siete puntos de “causa-efecto”.
  2. El “intercambio de uno mismo con los demás”.

Este último punto se encuentra en el octavo capítulo de “Guía del estado de vida del Bodhisattva” de Shantideva.

CARACTERÍSTICA DISTINTIVA DE LA GRAN COMPASIÓN:

Es aquella que genera los siguientes pensamientos y la determinación de: yo voy a liberar del sufrimiento a todos los seres ¡Qué maravilloso sería que todos los seres pudieran liberarse del sufrimiento!

Se requiere de una “actitud altruista” para tomar semejante determinación de liberar del sufrimiento a los demás, y de poner nuestra voluntad en este servicio.

Al tomar semejante determinación altruista, debemos comprender que la capacidad actual de que disponemos para llevar a cabo semejante empresa, está limitada, sin embargo si la compasión es auténtica Dios nos presta los medios necesarios para poder realizarlo.

¿A DÓNDE ENCAMINAR LA COMPASIÓN?

La compasión puede ser dirigida en dos vertientes:

  1. Dirigirla para el beneficio de los demás. Generalmente el placer y el dolor suelen ser causados por uno mismo, y no proceden del exterior, por eso cada ser humano debe comprender esto y trabajar para obtener su propia felicidad.

El modo más eficaz para ayudar a los demás es enseñándoles a conocerse a sí mismos para que eliminen sus costumbres y defectos, para que aflore lo mejor que existe en cada ser humano que es la conciencia.

  1. Dirigirla para nuestra propia iluminación. Para ayudar a los demás, es necesario ir eliminando de sí mismo todo aquello que obstruye nuestra conciencia.

Caminando en esta línea se observa, que con el fin de conseguir el bienestar de todos los seres de un modo completo, es necesario alcanzar la iluminación.

LA PERFECTA COMPASIÓN DE BUDHA

La perfecta compasión de Budha es total y no discriminada. Es un amor absoluto e incondicional. Como todo en este mundo el amor tiene muchos grados de profundidad.

Cuanto más grande es el amor, menos puede ser limitado por “condiciones”. El amor religioso, en su alcance y hondura, es más grande que el amor personal o de familia, o patriótico, etc., porque estas últimas formas están condicionadas, y por lo tanto, están confinadas por los estrechos márgenes de las limitaciones humanas.

Sin embargo, hay otro límite que muchos seguidores de religiones no son capaces de franquear. Por ejemplo, la religión nos enseña a amar a nuestros amigos y enemigos, pero algunos piensan que este principio no incluye amar a los “paganos” y respetar profundamente a las otras religiones.

Según los budistas, el amor último e incondicionado sólo puede obtenerse mediante la realización del vacío (Sunyata). La compasión más elevada sólo se logra junto con la sabiduría más alta. En otras palabras, la compasión del estado de Budha se logra mediante la destrucción de la tendencia adhesiva, al captar las verdades de la Maya y el Sunyata. En último análisis, la compasión de Budha surge en forma natural y espontánea.

Esta compasión espontánea, notable adquisición del estado de Budha, sólo puede lograrse mediante una honda realización del Sunyata y una completa identificación con la totalidad.

La perfecta compasión del Budha es un amor total e incondicional, un amor que consiste en la perfecta sabiduría es un amor que no surge de ninguna forma de adhesión, sino de la total liberación de toda clase de ataduras.

EVOCAR LA COMPASIÓN

Evocar en nosotros este poder de la compasión no siempre es fácil. Sin embargo la vida nos proporciona cada día innumerables ocasiones de abrir el corazón, y sólo es cuestión de saber aprovecharlas, y saber verlas: al cruzarnos en la calle con una anciana con aspecto triste y cansado, con las piernas hinchadas y con dos pesadas bolsas de la compra que apenas puede cargar; un anciano pobremente vestido que arrastra torpemente los pies, un joven con muletas que intenta cruzar la calle en medio del inmenso tráfico, un perro moribundo en la carretera, una joven solitaria que solloza tristemente en un banco del metro, etc.

Si conectamos el televisor veremos fácilmente en las noticias a una madre arrodillada junto al cadáver de su hijo asesinado, a una anciana que señala el plato de sopa como única comida del día, sin saber si al día siguiente ni siquiera lo tendrá, o a la multitud de niños enfermos que miran con los ojos desprovistos de toda expresión.

Cualquiera de estas imágenes puede abrirnos el corazón al enorme sufrimiento que existe en el mundo. Dejemos que esto ocurra, no desperdiciemos el amor que esto suscita.

En el momento que se siente que la compasión se acumula en nosotros, no hay que echarla de lado, no hay que tenerle miedo a este sentimiento, ni avergonzarse de él, no dejarse distraer de él, ni permitir que se agote en la apatía.

Hay que utilizar ese repentino y brillante brote de compasión y concentrarse en él, meterse en lo más profundo del corazón y meditar sobre él, hay que cultivarlo, realzarlo y profundizarlo.

Al hacer esto nos daremos cuenta de lo ciegos que hemos estado hasta ahora al sufrimiento; veremos de cómo el sufrimiento que ahora estamos experimentando o contemplando es sólo una minúscula fracción del dolor del mundo.

Todos los seres sufren en todas las partes, dejemos que nuestro corazón vaya hacia ellos con espontánea e inconmensurable compasión, y dirijamos esta compasión, junto con la bendición de todos los budas, para el alivio del sufrimiento en todas las partes del mundo.

La compasión es mucho más noble y grandiosa que la lástima. La lástima tiene sus raíces en el miedo y en una sensación de arrogancia y condescendencia, e incluso a veces en una sensación de “me alegro de no ser yo”.

Decía Stephen Levine: cuando tu miedo toca el dolor de otro, se convierte en lástima; cuando tu amor toca el dolor de otro, se convierte en compasión.

Entrenarse en la compasión, es saber que todos los seres somos iguales y que sufrimos de manera semejante, es respetar a los que sufren, y saber que uno no es distinto de nadie, ni superior a nadie.

De esta forma, la primera reacción al ver sufrir a alguien no es de simple lástima, sino de profunda compasión.

Sentir respeto e incluso gratitud hacia esa persona, porque quien quiera que nos induzca a desarrollar la compasión por medio de su sufrimiento está haciéndonos uno de los mayores regalos, que es ayudarnos a cultivar aquella virtud que más necesitamos en el avance hacia la iluminación.

En el Tibet se dice que el mendigo que pide limosna o la anciana enferma cuya vista nos encoja el corazón, pueden ser Bhudas disfrazados que se manifiestan en nuestro camino para ayudarnos a crecer en compasión, y por tanto a avanzar hacia el estado de Budha.

EL SECRETO SAGRADO

El Maestro Samael en su libro titulado “El Cristo Social” menciona una frase de suma importancia del gran sabio Shantideva, que dice así:

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El que quiere salvar rápidamente al otro y así mismo debe practicar el Gran Secreto, la inversión del yo y del otro.

Este “Secreto Sagrado” de Shantideva es conocido por todos los santos, maestros y místicos de todas las tradiciones.

Este “Secreto Sagrado” fue practicado por Cristo, Budha, Santa Teresa, San Juan de la Cruz, San Francisco de Asís…etc.

En toda enseñanza religiosa de cualquier latitud y época siempre ha estado presente esta práctica.

Esta enseñanza contenida en “el Secreto Sagrado” constituye la práctica fundamental del budismo y es conocida con el nombre de Tonglen.

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El Tonglen es una práctica de la escuela Mahayana, que consiste en asumir mentalmente el dolor y el sufrimiento de otro.

El propósito real de esta práctica es entrenar la mente, y fortalecer dentro de uno la fuerza de la compasión. Esta práctica ayuda a contrarrestar nuestro propio egoísmo, y también es una potente herramienta para transmutar nuestro sufrimiento.

El Dalai Lama en cierta ocasión dijo: sé y creo firmemente que no hay motivo para que nadie en el mundo muera resentido y amargado. Ningún sufrimiento, por temible que sea, es o puede ser absurdo si se dedica a aliviar el sufrimiento de los demás.

Tenemos ante nosotros el noble y enaltecedor ejemplo de los maestros supremos de la compasión, que viven y mueren en la práctica de Tonglen, o del Secreto Sagrado tomando el dolor de todos los seres conscientes al inspirar, y enviando curación a todo el mundo al espirar, durante toda la vida y hasta su último aliento. Tan ilimitada y poderosa es su compasión, dicen las enseñanzas, que en el momento de la muerte los transporta de inmediato a renacer en un reino de Budha.

La clase de nacimiento que tendremos en la próxima vida viene determinado, pues, por la naturaleza de nuestras acciones en ésta. Y es importante no olvidar nunca que el efecto de nuestras acciones depende por completo de la intención o motivación a que responden, y no de su envergadura.

Así pues, es nuestra motivación, ya sea buena o mala, la que determina el fruto de nuestros actos.

Shantideva dijo: toda la dicha que hay en este mundo, toda proviene de desear que los demás sean felices; y todo el sufrimiento que hay en este mundo, todo proviene de desear ser feliz yo.

A la práctica del secreto sagrado se le conoce también como “dar y recibir”. Consiste en tomar sobre sí mismo el sufrimiento y el dolor de otros y darles a ellos nuestra felicidad, bienestar y paz mental.

Quien reflexiona sobre los seres acosados por el sufrimiento se pregunta: ¿Qué se puede hacer para ayudarles?

Ciertamente todos los sufrimientos se deben al propio karma generado por uno mismo, por lo cual uno se encuentra limitado respecto a lo que puede hacer para ayudar de modo directo a las otras personas cuando sufren.

No obstante puede generarse un deseo voluntario y entusiasta, desde lo más profundo de nuestro corazón, e imaginar con gran determinación: que sus sufrimientos y las causas de estos maduren en mí.

¿Por qué habíamos de asumir el sufrimiento de los demás, cuando ni siquiera queremos soportar el nuestro?

Al pensar en nuestro sufrimiento, nos sentimos abrumados, como si lleváramos una pesada carga. Al generar compasión, al asumir el sufrimiento del otro, también se puede experimentar al principio un cierto grado de incomodidad, una sensación de que aquello es insoportable.

Pero el sufrimiento es muy diferente, porque debajo de la incomodidad, existe un grado de alerta y determinación, ya que se asume voluntaria y deliberadamente el sufrimiento del otro con un propósito elevado, apareciendo un sentimiento de conexión y compromiso.

Alguien podría preguntarse: si tomo el sufrimiento y el dolor de otros ¿no hay peligro de que sufra yo?

Si tras hacerse esta pregunta, uno no se ve con el valor de poder realizarlo, debe acostumbrarse a esta idea orando de la siguiente manera: que pueda tomar el sufrimiento de los demás; que pueda darles mi bienestar y mi felicidad.

Lo único que puede resultar dañado por la práctica de Tonglen es precisamente aquello que más nos ha estado dañando: el ego.

Alguien que practica Tonglen con frecuencia, su mente aferrada a sí misma, se irá debilitando cada vez más, y la compasión tendrá una oportunidad de brotar cada vez con más fuerza.

Cuanto mayor y más fuerte sea nuestra compasión, mayor y más fuerte será nuestra intrepidez y nuestra confianza.

Shantideva decía: quien desee obtener rápidamente protección para sí mismo y los demás debe practicar este secreto sagrado, intercambiarse uno mismo por los demás.

Existió un gran maestro en el Tibet, llamado Geshe Chekhawa, que vivió en el siglo XI. Cuenta la historia que encontrándose éste un día en la habitación de su maestro posó la mirada en un libro abierto y leyó las siguientes líneas: deja todo provecho y ganancia para los demás; quédate toda pérdida y derrota para ti.

La compasión de estos versos le causó asombro, y decidió partir en busca del maestro que los había escrito.

Durante el trayecto, un día se encontró con un leproso que le comunicó que dicho maestro había muerto.

Pero Geshe Chekhawa perseveró, y logró encontrar al principal discípulo del maestro muerto, y le preguntó: ¿en qué medida crees que son importantes las enseñanzas contenidas en estos dos versos?

Te guste o no, dijo el discípulo, si de veras quieres alcanzar el estado de Budha tendrás que practicar esta enseñanza.

Geshe Chekhawa decidió quedarse, y permaneció por espacio de doce años con el discípulo, para estudiar esa enseñanza y entregarse de corazón a la práctica de Tonglen, que es aplicación práctica.

Durante ese tiempo tuvo que soportar toda clase de dificultades, críticas, penalidades y malos tratos.

Se dedicó tan intensivamente a la práctica de esta enseñanza, que al cabo de seis años había erradicado todo apego a sí mismo. La práctica de Tonglen lo transformó en un Maestro de Compasión.

Al principio Geshe Chekhawa solo enseñaba Tonglen a unos cuantos discípulos, pensando que sólo daría resultado con aquellos que tuvieran gran fe en él.

Después lo empezó a enseñar a un grupo de leprosos (enfermedad frecuente en aquellos tiempos en el Tibet). Muchos de los leprosos que practicaron Tonglen se curaron. Esto hizo que otros muchos leprosos al enterarse acudieran a su casa, que parecía un hospital.

Aun así, dicho maestro seguía sin enseñar Tonglen a muchas personas.

Comenzó a difundirlo de una forma más pública cuando vio el efecto que produjo en su hermano.

El hermano de Geshe Chekhawa se burlaba de todo lo espiritual, pero cuando se enteró de la curación de los leprosos que practicaban Tonglen se sintió impresionado.

Un día se escondió detrás de una puerta a escuchar a su hermano mientras enseñaba Tonglen, y después se puso a practicar por su cuenta en secreto.

Cuando Geshe Chekhawa se dio cuenta de que el carácter duro de su hermano se estaba suavizando, se percató de lo sucedido, y pensó que si en su hermano había producido cambios, esto quería decir que en cualquier ser humano podía producir transformación.

Él por su parte jamás dejó de practicarlo y hacia el final de su vida, dijo a sus alumnos que llevaba mucho tiempo orando fervientemente por renacer en los reinos infernales, para poder ayudar allí a todos los seres que allí sufrían.

Y añadió, que por desgracia, en los últimos tiempos había tenido varios sueños inequívocos que indicaban que iba a renacer en uno de los reinos de los Budas.

Se sentía decepcionado, y con lágrimas en los ojos rogó a sus discípulos que rezaran a los Budas para que esto no sucediera, y se cumpliera su ferviente deseo de ayudar a los seres del infierno.

Geshe Chekhawa escribió: dar y recibir debe practicarse alternativamente, esta alternancia debe situarse en el medio de la respiración.

Es extremadamente difícil imaginar que se toman sobre sí los sufrimientos de otros, sobre todo de los enfermos y moribundos, sin antes haber conseguido una compasión fuerte. Esto es en verdad “transmutar los sufrimientos”.

Primero para conseguir esto, antes de empezar la práctica de Tonglen para los demás, hay que practicar sobre uno mismo.

Antes de enviar amor y compasión hacia los demás, se cura uno a sí mismo de cualquier angustia, enojo o temor que pudiera ser un obstáculo para practicar Tonglen de todo corazón.

PRÁCTICA PRELIMINAR DE TONGLEN:

Para realizar esta práctica el primer paso consiste en evocar la naturaleza de la mente y reposar en ella.

Cuando descansamos en la naturaleza de la mente, se ve que todas las cosas son “vacías” ilusorias y de la misma naturaleza que un sueño.

COMO AFRONTAR EL DOLOR

Debemos aprender a dar fin a nuestra aflicción y aprender de ella.

Hay que hacer que el sufrimiento adquiera un nuevo significado, y utilizarlo como el fundamento de una práctica religiosa o espiritual.

Cuando nos hallemos abrumados por nuestros sufrimientos, hay que intentar inspirarse de alguna manera en él. Uno de los métodos que pueden utilizarse es reflexionar sobre “La Impermanencia” de las cosas, saber que todo pasa, y permitir que esta sabiduría nos dé solaz.

Aceptar la aflicción en el sufrimiento es ciertamente posible, de esta forma, podemos aprender mucho del sufrimiento. Por ejemplo, el dolor por la pérdida de un ser querido puede obligarnos a contemplar y reflexionar directamente nuestra vida y forzarnos a encontrar en ella un sentido del que tal vez antes carecía. Cuando se halla uno solo después de la muerte de una persona a la que se ama, surge la pregunta: “¿Qué voy a hacer ahora con mi vida? ¿Por qué deseo seguir viviendo?

El dolor y la pérdida también pueden recordar vivamente lo que puede ocurrir si en vida uno no expresa su amor y su aprecio, o pide perdón; eso puede contribuir a hacernos mucho más sensibles a los seres queridos que aún viven.

Elisabeth Kübler-Ross dijo: lo que intento enseñar a la gente es a vivir de tal manera que diga estas cosas cuando la otra persona todavía puede oírlas.

Y Raymond Moody, tras toda una vida de trabajo investigando la experiencia de la muerte escribió: he empezado a darme cuenta de lo cerca de la muerte que nos encontramos en nuestra vida diaria. Ahora más que nunca, procuro dar a conocer mis sentimientos a todas las personas que amo.

Mantener abierto el corazón al sufrimiento, significa que incluso es posible que llegue un momento en que nos sentimos misteriosamente agradecidos hacia el sufrimiento, porque nos ofrece la oportunidad de trabajar con él y transformarlo. Sin él, jamás habríamos llegado a describir que oculto en la naturaleza y las profundidades del sufrimiento hay un tesoro de dicha. Los momentos en que se sufre pueden ser precisamente aquellos en los que estamos más abiertos; y allí donde se es sumamente vulnerable puede ser en realidad el lugar donde yace nuestra mayor fuerza.

Hasta que podamos decirnos a nosotros mismos: no huiré de este sufrimiento. Quiero utilizarlo de la mejor manera posible para así volverme más compasivo y más capaz de ayudar a los demás.

El sufrimiento, después de todo, puede enseñarnos mucho sobre la compasión. Si sufrimos sabremos que sienten los demás cuando sufren. Si estamos en situación de ayudar a otros, es por medio del propio sufrimiento como hallaremos la comprensión y la compasión necesarias para hacerlo.

Así pues, hagamos lo que hagamos, no bloqueemos nuestro dolor; aceptémoslo. Por desesperados que lleguemos a sentirnos, aceptemos el dolor tal como es, porque en realidad está intentando hacernos un regalo inapreciable: la posibilidad de descubrir, por medio de la práctica espiritual, lo que hay más allá del dolor. “La aflicción puede ser el jardín de la compasión”, escribió Rumi.

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Si mantenemos el corazón abierto en todo momento, el dolor puede llegar a ser nuestro mayor aliado en la búsqueda vital de amor y sabiduría.

¿Acaso no sabemos todos muy bien que protegerse contra el dolor no da resultado, y que cuando intentamos defendernos del sufrimiento sólo conseguimos sufrir más y no aprender todo lo que podríamos de esa experiencia?

Como escribió Rilke: “El corazón protegido que no está nunca expuesto a la pérdida, inocente y seguro, no puede conocer la ternura; sólo el corazón recobrado puede sentirse alguna vez satisfecho: libre, gracias a todo lo que ha dado, para regocijarse en su supremacía”.

Permanezcamos abiertos a la aflicción, como debemos de permanecer abiertos a los “Budhas y seres iluminados”, para que ellos emitan sus rayos resplandecientes de luz de compasión sobre nosotros.

Imaginemos lo que sería vivir en un mundo en el que un número significativo de personas, aprovechando la oportunidad que ofrecen estas enseñanzas, dedicara parte de su vida a una práctica espiritual seria, reconociera la naturaleza de su mente para aproximarse más al estado de Budha e hiciera el propósito claro, de servir y beneficiar a los demás.

El mundo necesita más que nada esta clase de servidores activos de la paz, “revestidos”, “con la armadura de la perseverancia”, dedicados a su visión de Bodhisattwas y a la difusión de la sabiduría en todos los confines de nuestra experiencia. Necesitamos abogados Bodhisattwas, artistas y políticos Bodhisattwas, médicos y economistas Bodhisattwas, maestros y científicos Bodhisattwas, técnicos e ingenieros Bodhisattwas, bodhisatwas en todas partes que trabajen conscientemente como canales de la compasión y la sabiduría en todos los niveles y todas las situaciones de la sociedad, que trabajen para transformar sus mentes y acciones y las de otros, que trabajen incansablemente con el conocimiento cierto de tener el apoyo de los budas y seres iluminados, por la preservación de nuestro mundo y por un futuro más piadoso.

Como dijo Teilhard de Chardin: algún día, después de haber sometido los vientos, las olas, las mareas y la gravedad, dominaremos las energías del Amor. Entonces, por segunda vez en la historia de la humanidad, el hombre habrá descubierto el fuego.

O como lo expresó Rumi en su maravillosa oración: oh amor, oh puro y profundo amor, sé aquí, se ahora, sé todo; los mundos se disuelven en tu inmaculado e infinito resplandor, las frágiles hojas vivas arden contigo; más brillantes que las frías estrellas: haz de mí tu servidor, tu aliento, tu esencia.

Por eso cuando suframos por enfermedad o cualquier otra circunstancia, en vez de lamentarse, sentir pena por uno mismo, abrumarse por la ansiedad y preocupación, hay que adoptar una actitud correcta basada en el siguiente pensamiento: que mi sufrimiento sea un sustituto de otros seres. Que este sufrimiento pueda salvar a todos los seres que experimentan un dolor similar.

¿Por dónde empezar nuestra búsqueda del significado del sufrimiento?

Deberíamos imaginarnos a nuestro lado a un grupo de personas que necesitan ayudar, sumidos en extrema pobreza y llenos de sufrimiento; al lado de ellos podríamos también imaginarnos a nosotros mismos, con una actitud egoísta, indiferente a las necesidades de los demás. ¿Hacia qué lado de los dos nos inclinaríamos? ¿Hacia la personificación del egoísmo, o hacia nuestros sentimientos naturales de empatía hacia los demás?

Si esta escena la observamos con objetividad, concluiríamos que el bienestar de un grupo es más importante que el de un individuo.

También nos ayudaría a crear compasión imaginar que en un futuro la persona que sufre somos nosotros mismos.

Comprendido todo esto, podríamos dirigir nuestra atención a las personas necesitadas y desesperadas, y ofrecerles mentalmente nuestros éxitos, nuestro bienestar, nuestras escasas virtudes que hayamos obtenido, y asumir de esas personas sus sufrimientos, sus problemas, y todas sus dificultades.

También nos ayudará conocer el modo de pensar de un Bodhisattwa, que busca siempre el bienestar de la mayoría por encima de su propio beneficio.

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El Dalai Lama en cierta ocasión dijo: yo soy un ser humano, un monje, y en mi caso el Dalai Lama, a quien un gran número de personas respetan, pero cuando me comparo con los demás, el bienestar de los otros es mucho más importante.

Por eso es bueno pensar: que el dolor que experimento sirva como sustituto del sufrimiento que los demás deben padecer.

Esta práctica o actitud se llama “tomar el sufrimiento de los demás y darles la felicidad propia”. Realizar esto nos dará una gran fuerza interior verdadera.

Al pensar de esta forma, no percibimos nuestro propio sufrimiento como algo desafortunado, sino como una oportunidad única para practicar estas enseñanzas.

Tampoco tenemos temor con esta actitud al posible sufrimiento que la vida nos depare, porque nos dará nuevas oportunidades para practicar, y para conseguir una fuerte determinación interna, la determinación del Bodhisatwa, que es firme como el acero.

Deberíamos reflexionar sobre las cosas físicas que un momento determinado nos producen tristeza y dolor, y también reflexionar detenidamente sobre las cosas que nos producen alegría, como la riqueza, la fama, el bienestar, etc. Si analizamos detenidamente estos dos polos, llegaremos a la conclusión que ninguno de ellos conducen a la felicidad permanente, por lo cual no son válidos para considerarlos el objeto final por el que hay que luchar.

Obtener el Nirvana podría ser el objeto final, pero de momento resulta difícil alcanzarlo. Así pues, la meta práctica y realista a la que sí podemos llegar es a lograr la compasión, un corazón cálido, sirviendo a otras personas, ayudando a los demás, siendo menos egoístas.

Practicando de este modo la compasión, obtendremos un beneficio y una felicidad más duradera, y haremos que cada día de nuestra vida resulte útil y significativo, y que ésta maravillosa virtud de la compasión pueda desarrollarse sin límite.

Shantideva decía: los que son como niños trabajan por su propio beneficio, los Budhas trabajan por el beneficio de otros. Mira qué diferencia hay entre ellos.

Si no cambio mi felicidad por el sufrimiento de otros, no alcanzaré el estado de Budha y ni en el samsara tendré verdadera alegría.

MEDITACIÓN EN LA COMPASIÓN

Meditar en la compasión hace surgir en nosotros la resolución de aliviar el sufrimiento de todos los seres, y también hace surgir el sentimiento de responsabilidad global, una responsabilidad universal hacia ese noble propósito.

Los pasos a seguir son:

  1. Imaginar a una persona que está sufriendo, que atraviesa una situación dolorosa e infortunada.
  2. Reflexionar sobre el sufrimiento de esa persona de forma analítica.
  3. Después tratar de relacionarlo con nosotros mismos, pesando: esa persona tiene la misma capacidad que nosotros para experimentar felicidad y sufrimiento. Todos los seres humanos somos iguales, hechos de carne, huesos y sangre. Imaginarnos cómo lo estaríamos pasando nosotros si sufriésemos ese mismo dolor. Hay que preguntarse ¿Cómo me sentiría? ¿Cómo querría que me tratasen los demás?
  4. Tratar de que surja en nosotros un sentimiento natural de compasión hacia esa persona.
  5. Proyectar la luz del Bodhicitta sobre el ser sufriente, imaginando cómo se libera de este sufrimiento. Shantideva decía que el Bodhicitta transforma el corazón y el cuerpo. De esta forma la compasión se convierte en una joya capaz de conceder los deseos de cualquiera.
  6. Orar a todos los Budhas y Seres Iluminados con todo el corazón para aliviar los sufrimientos de esa persona. En el Tibet se dice que así como la naturaleza del fuego es quemar y la del agua apagar a sed, la naturaleza de los Bbudhas es hacer acto de presencia en cuanto alguien los invoca, ya que es infinito su deseo compasivo de ayudar a todos los seres conscientes.
  7. Ofrecerles que todo lo bueno que hagamos, tanto en pensamientos, palabras y obras sirvan para beneficio de todos los seres y les procure felicidad.

ABRIR EL MANANTIAL: EL AFECTO AMOROSO

Si en principio no somos capaces de sentir compasión por nadie, debemos abrir el manantial del afecto amoroso de la siguiente forma:

  1. Visualizar un amor que alguien nos haya dado alguna vez y que nos conmoviera, tal vez en la infancia, nuestra madre… etc. Aunque no siempre nos hayan amado lo suficiente, al menos alguna vez sí lo hicieron.
  2. Centrarse en una escena concreta en que esa persona nos demostró amor y nosotros lo percibimos. Saber que alguna vez nos han amado nos hace sentirnos amables y bondadosos.
  3. Dejar que ese sentimiento vuelva de nuevo a nuestro corazón, y de ésta forma dejaremos que nuestro corazón se abra y que el amor fluya en él.
  4. A continuación hay que extender este amor a todos los seres, comenzando por los que tenemos más cerca, la familia, los conocidos, los amigos, los enemigos, y finalmente a todo el universo.
  5. Con este afecto amoroso surgirá dentro de uno mismo la compasión, la alegría, la ecuanimidad… etc.

La ecuanimidad (visión libre de prejuicios) es en efecto el punto de partida y la base del camino de la compasión.

El Señor Maitreya en una de sus enseñanzas que dio a Asanga fue: el agua de la compasión discurre por el canal del afecto amoroso.

Otro método para abrir el afecto amoroso consiste:

  1. Si la persona que sufre no despierta en nosotros ningún tipo de afecto amoroso, ni compasión, entonces imaginamos que quien está sufriendo es un amigo o un ser muy querido. Nuestro corazón de esta forma se abrirá con toda naturalidad y despertará en nosotros la compasión.
  2. Tomar esta compasión generada en el corazón y transferirla a la persona que necesita ayuda.

El amigo o ser querido que hemos imaginado en lugar de la persona necesitada, no sólo no sufre ningún daño sino que también se verá beneficiado. El hecho de ser instrumento para el despertar de nuestra compasión, le acarreará abundante beneficio, puesto que ha sido en parte responsable de que se abra nuestro corazón, y de ayudar a la persona necesitada mediante la compasión, por eso el mérito de esta acción recaerá también sobre él.

Generando compasión dentro de sí mismo el mundo se transformaría, y podríamos recitar con Shantideva y con todos los maestros de compasión la siguiente oración:

Que sea un protector para los desprotegidos,

un guía para los que viajan,

un bote, un puente, un vado

para los que desean la otra orilla.

Que el dolor de cada ser vivo

se elimine por completo.

Que sea yo el médico y el remedio,

y sea yo el enfermero

de todos los seres enfermos del mundo

hasta que estén todos curados.

Que a semejanza del espacio

y de los grandes elementos como la Tierra,

pueda yo siempre sustentar la vida

de los seres ilimitados.

Y que hasta que muera el dolor,

sea yo también fuente de vida

para todos los reinos de seres diversos

que se extienden hasta los límites del espacio.