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Difícil es, en efecto, el figurarse el encanto, la embriaguez del éxtasis, la comunión de los Santos en las noches de meditación.

En una noche semejante fue cuando el Patriarca JACOB, viva REENCARNACIÓN del resplandeciente ÁNGEL ISRAEL, apoyada la cabeza sobre la PIEDRA FILOSOFAL, leyó en los astros la promesa de una posteridad innumerable, y vio la septenaria escala misteriosa por la cual iban y venían los ELOHIM entre los cielos y la tierra.

Sólo en ausencia del YO podemos experimentar ESO que es la VERDAD, lo REAL, aquello…

Yo fui en el día del SEÑOR inquiriendo, buscando, indagando Misterios, sobre mi hora postrera.

Y vi y oí cosas que a los profanos y profanadores no les es dable comprender. Y experimenté en forma directa la postrimería, el ocaso del YO, el final catastrófico del MÍ MISMO.

Y pude vivenciar la crucifixión del CRISTO INTIMO y el descenso al Santo Sepulcro.

La lucha contra SATÁN fue terrible… Mi ESPOSA-SACERDOTISA selló mi sarcófago con una gran piedra y sonrió dulcemente. Del Gólgota del PADRE salían voces terriblemente divinas y rayos y truenos.

Todo esto me recuerda a la RUNA SIG, el Rayo terrible del SOL CENTRAL: SULU-SIGI-SIG, secreto nombre de la espantosa víbora sagrada KUNDALINI.

La estrella de cinco puntas ciertamente es una repetición constante de la RUNA SIG, parece toda trazada con el sig-sag del Rayo; en los antiguos tiempos los hombres temblaron ante la Pentalfa.

SIG en los MISTERIOS ARCAICOS era el FALUS y por este camino volvemos al MAITHUNA, (la SEXO-YOGA).

SIG es el SOL y su letra es la S cuya sabia prolongación se convierte en la sutil voz, en ese silbo dulce y apacible que escuchó ELÍAS en el desierto.

LA INICIACIÓN FINAL esta sellada con el Rayo, con la RUNA SIG, y entre truenos y relámpagos, se escuchan palabras terribles: “PADRE MÍO, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU”.

La espada flamígera encendida que se revuelve amenazadora por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida, tiene la temible figura de la RUNA SIG, nos recuerda el sig-sag, del RAYO.

“Desdichado el Sansón de la Kábala que se deja dormir por DALILA, el Hércules de la ciencia que cambia su cetro de poder por el huso de Onfalia, sentirá bien pronto las venganzas de Deyanira y no le quedará más remedio que la hoguera del monte Eta para escapar de los devoradores tormentos de la túnica de NESO”.

Infeliz aquél que se deja seducir por la Diablesa originaria, la mujer sin nombre, rosa de perdición del abismo infernal.

Desgraciado el INICIADO que cae embriagado en brazos de la sanguinaria Herodías, la arpía Gundrigia y cien otras mujeres.

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! de aquellos INICIADOS que sucumban entre los besos de fuego, no de las mujeres, sino de la mujer por antonomasia, de la mujer-símbolo, que no trata de seducirle grosera con las sugestiones de la mera sensación animal, sino con las artes más pérfidas y deliciosas del sentimentalismo sutil y el emocionalismo romántico.

A esos, más les valiera no haber nacido o colgarse una piedra de molino al cuello y arrojarse al fondo del mar.

¡Desgraciados!… en vez de subir al Gólgota del Padre y bajar al SANTO SEPULCRO, serán fulminados por el rayo terrible de la Justicia Cósmica. Esos perderán su espada flamígera y descenderán al Reino de PLUTÓN por el camino negro.

En torno del trono de ébano del Rey de los MUNDOS-INFIERNOS, revolotean siempre tenebrosos, los congojosos desvelos; los celos espantosos que amargan la existencia; las crueles desconfianzas; las inmundas venganzas cubiertas de heridas y destilando sangre los odios abominables.

La roedora avaricia se devora siempre a sí misma sin misericordia alguna y el asqueante despecho se desgarra las carnes con sus propias manos. Allí están en fin, la loca soberbia que todo lo arruina miserablemente; la infame traición que se defiende siempre a sí misma y se alimenta de sangre inocente sin poder gozar jamás del fruto corrompido de sus perfidias. Allí se encuentra el mortal veneno de la envidia que se destroza a sí misma cuando no puede dañar a otros; la crueldad que se precipita en el abismo sin esperanzas; las macabras y espantosas visiones; los horribles fantasmas de los condenados, espanto de los vivos; Los monstruos de las pesadillas y los crueles desvelos que causan tanta angustia.

Todas estas y otras imágenes fatales ciñen la frente horripilante del fiero PLUTÓN y llenan su fatídico Palacio.

TELÉMACO el hijo de ULISES encontró en el Reino de PLUTÓN a millones de hipócritas fariseos, sepulcros blanqueados, fingiendo como siempre amor a la religión, pero llenos de soberbia y orgullo.

Descendiendo el héroe a regiones cada vez más sumergidas, encontró a muchos parricidas y matricidas sufriendo espantosas amarguras; halló también a muchas esposas que habían bañado sus manos en la sangre de sus maridos; traidores que habían traicionado a su Patria y violado todos los juramentos; sin embargo, aunque parezca increíble, estos padecían allí menores penas que los hipócritas y Simoníacos.

Así lo habían querido los tres jueces de los mundos-infiernos, porque decían que los tales no se contentan con ser malos, como el resto de los perversos, sino que, además presumen de Santos y con su falsa virtud desvían a las gentes, las alejan del camino que conduce a la VERDAD.

Los DIOSES SANTOS, de los que tan impía y solapadamente se han burlado en el mundo y a quienes han hecho despreciables delante de todas las gentes, ahora se vengan con todo su poder de los insultos que así se les ha inferido.

El Rayo terrible de la JUSTICIA CÓSMICA precipita también en el abismo a los BODHISATTVAS caídos que jamás quisieron levantarse; a esos se les acusa de tres delitos. 1: Haber asesinado a BUDDHA. 2: Haber deshonrado a los DIOSES. 3: Muchos otros delitos.

Toda GRAN OBRA, cualquier Juicio, se sella siempre con la RUNA SIG; con la espada flamígera.

 

PRÁCTICA

srcset=https://meditacioncordoba.files.wordpress.com/2018/04/runa-sig-web-2.pngSellad siempre todos vuestros trabajos mágicos, invocaciones, plegarias, cadenas de curación, etc. con esta RUNA; trazad con la mano y el dedo índice extendido el sig-sag del rayo a tiempo que hacéis resonar la letra Sssssss como un silbo dulce y apacible.