Si una persona quiere ser agradable, debe volverse más atrayente desde su interior. En ocasiones, aun una persona de gran atrayente físico puede resultar repelente debido a la fealdad interna que se refleja en sus palabras y en sus actos.
Lo que determina si somos o bien no atractivos, y para quién, son nuestras buenas o bien malas cualidades. El mal atrae al mal y el bien atrae al bien. Las cosas externas como la indumentaria o bien un semblante precioso o bien afortunado no puede darnos esa clase de atrayente, este debe proceder de nuestro interior.

Eludir caer en estados anímicos negativos. No hay nada censurable en el hecho de estar serio; mas la expresión del semblante en el momento en que te dejas llevar por el malhumor es algo muy, muy diferente. El semblante es un espéculo que revela cada cambio de nuestros sentimientos. Nuestros pensamientos y emociones alteran de forma continua la expresión de nuestro rostro. Cada persona que halles percibe estas expresiones faciales que reflejan lo que piensas y sientes en tu interior, y reacciona a ellas. Puedes supervisar hasta un punto los ojos y la sonrisa, ocultando de este modo tus sentimientos a ciertas personas, mas no a todas y cada una. Lincoln afirmó acertadamente: “Es cierto que se puede mentir al mundo entero a lo largo de algún tiempo; se puede aun mentir a ciertas personas todo el tiempo; mas no es posible mentir a todo el mundo todo el tiempo”.
Tus ojos expresan la historia entera de tu vida; no puedes esconderla de aquellos que saben leerla. Nunca hagas cosa alguna que pueda manchar tu psique. Las malas acciones generan vibraciones mentales negativas o bien perjudiciales que se reflejan en la totalidad de tu rostro y de tu personalidad. Cultiva aquellas acciones y pensamientos que desarrollen las buenas cualidades que quieres adquirir, de esta forma convertirás estupendamente tu vida.
A la gente se le juzga hasta determinado punto por su atuendo, mas esencialmente por el modo perfecto en que se comporta. Viste de forma sencilla y limpia, y en consonancia con tu personalidad. Mas primeramente, aprende a comportarte. En el momento en que hayas desarrollado tu psique y adquirido cualidades internas atractivas, la indumentaria va a tener menor relevancia.
El prestar al cuerpo una atención escasa o bien excesiva hace que uno se vuelva desequilibrado y entusiasta. Cuida del cuerpo en forma prudente, y recuerda siempre y en todo momento qué es lo más importante: tu mentalidad y tu comportamiento. Presta más atención a la psique –que produce tu conducta–, puesto que es a tu comportamiento al que reacciona la mayor parte de las personas.
Sé franco y considerado en tu trato con el resto. Interésate por el resto. Cuando estés en compañía del resto, hazlo de todo corazón; cuando sientas que tu interés por estar con ellos reduce, excúsate afablemente y retírate. No estás en tu derecho a continuar allá si tu psique está ausente.
Intenta ser auténticamente amistoso cuando estés con otras personas. Sonríe, sé afable y simpático. Si quieres ser agradable a el resto, sé honesto. La honestidad es la cualidad del ánima con que Dios ha dotado a cada humano, mas que no todos manifiestan. Sobre todo sé humilde. Si bien tengas una fuerza interior fenomenal, no abrumes a el resto con tu carácter fuerte. Actúa con calma y consideración hacia ellos. Esta es la manera de desarrollar la cualidad de la simpatía imantada.
Esmérate siempre y en toda circunstancia por ser comprensivo. Para atraer amigos verdaderos, debes cultivar la entendimiento. Los amigos verdaderos se entienden mutuamente no importa lo que hagan.
En tu corazón hay un imán capaz de atraer amigos genuinos. Ese imán es la esplendidez, el meditar primero en el resto. Las madres acostumbran a tener esta virtud. Su vida es servicio, dan siempre y en toda circunstancia primero a su esposo y a sus hijos.
Ser considerado con el resto es una cualidad muy, muy bella, es el mayor atrayente que puedes tener. ¡Practica este modo de portarse! Si alguien tiene sed, una persona atenta se adelanta a su necesidad y le ofrece algo para tomar. Consideración significa ser siendo consciente de el resto y estar al loro a su conveniencia. Una persona considerada conoce de manera intuitiva las necesidades de quienes se hallan en su compañía.
Cuando aprendas a vivir para el resto, van a vivir para ti. Cuando vives para ti absolutamente nadie se interesa en ti. La mejor forma de captar otros es a través de tus buenas acciones.
Practica la consideración cara el resto tanto en tus palabras como en tus acciones; y en el momento en que te sientas tentado a charlar con aspereza, controla el impulso y habla, en cambio, calmadamente. ¡Que absolutamente nadie oiga de ti palabras ásperas! No temas decir la verdad en el momento en que te lo soliciten, mas no impongas tus ideas a el resto. Recuerda que si bien estés en lo correcto, al emplear la afabilidad y la consideración en tus palabras contribuyes a la elevación y al mejoramiento del resto.
No obstante, no son siempre y en todo momento tus palabras lo que el resto escuchan, sino más bien la resolución y la honestidad que hay detrás de ellas. Cuando hables con alguien no charles demasiado de ti mismo; trata de charlar sobre un tema que le interese a la otra persona, y escucha: este es el camino para ser atrayente. Verificarás entonces que todos procuran tu compañía.
Es un auténtico gozo vivir para el resto. Cuando somos considerados con el resto, y pensamos en ellos primeramente, aflora dentro de nosotros un sentimiento fantástico. Tan pronto como te interesas por otra persona, no solo piensa en ti, sino asimismo Dios te tiene presente. Si eres considerado y ayudas siempre y en todo momento a el resto, si bien debas desprenderte de algo tuyo, Dios te va a devolver todavía más bendiciones. Y si eres desprendido, comprensivo y de buen carácter, eres más rico que quienes son ególatras, envidiosos y también irascibles.
Para lograr la auténtica Meta de la vida es preciso tener autodominio. Se debe buscar el equilibrio, en tanto que el perfecto equilibrio es el altar de Dios. Esmérate por alcanzarlo y, una vez lo hayas logrado, no lo pierdas jamás. Si bien se presenten experiencias bastante difíciles y debas encarar serias preocupaciones mantente firme en la resolución: “Señor, hágase tu voluntad”.
Piensa en todas y cada una de las nobles cualidades que están presentes en los corazones de los grandes hombres y mujeres; puedes tener todas y cada una esas cualidades en tu corazón. Puedes ser humilde y fuerte, o bien valiente como un general que lucha por una causa justa. Puedes tener la voluntad conquistadora de un Gengis Kan (guerrero y conquistador mongol que creó el primer Imperio mongol, el imperio anexo más extenso de la historia), o bien la voluntad divina, el amor y la entrega de un San Francisco.
Sobre todas y cada una de las cosas, desarrolla la voluntad de buscar a Dios, no importa qué obstáculos debas encarar. Así, vas a ser victorioso en la vida. Todas y cada una de las pruebas son una bendición si sirven para aproximarnos más a Dios. Eso es lo que debes rememorar siempre y en toda circunstancia. Y todo cuanto hagas en este planeta, hazlo por Dios. Si te esmeras por servir a Dios, habrás servido a todos. Intenta gustar a Dios, no a los hombres.
Sé primero aquello que esperas que el resto sean. Pon en práctica estas sugerencias. Escoge primero una solo virtud y esmérate por cultivarla. Desde el día de hoy, por poner un ejemplo, practica la paz. Entonces concéntrate en la alegría y trata de sonreír, aun en el momento en que te sientas triste. Más adelante, dedícate a cultivar la bravura y la intrepidez. Desarrolla la conciencia de que Dios está contigo. Afánate por mejorar, la honestidad, la esplendidez, la habilidad para los negocios y de este modo consecutivamente. Dedícate a ello con la férrea voluntad del mártir que jamás cede en sus ideales. Suceda lo que suceda, no dejes que ninguna cosa te moleste ni te desaliente. ¡Mantente firme en tu empeño!
Cultiva las cualidades de la consideración y la bondad hasta llegar a ser como una preciosa flor que todo el planeta quiere contemplar. Sé como la belleza de la flor, como el atrayente que mana de una psique pura. Cuando de esta manera seas atrayente, siempre y en toda circunstancia vas a tener verdaderos amigos. Vas a ser amado tanto por los hombres como por Dios.
Extraído de “La Busca Eterna” de Paramahansa Yogananda.

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